Los copywriters no solemos hablar sobre nosotros, pero hoy haré una excepción:
Cuando, en unas Navidades, me regalaron el Scrabble, descubrí que jugar con palabras era mucho más que una manera de pasar el rato. Ahí descubrí mi verdadera vocación pero, también, que iba a convertirme en la peor pesadilla para mi hermano por obligarle a jugar tantas veces.
Desde entonces, me empezó a interesar todo lo que tuviera letras: devorar libros, hacer los crucigramas de todos los periódicos, escribir artículos para la revista del colegio, aprender varios idiomas e incluso escribir poesía de una calidad un tanto cuestionable – aunque a mi madre parecía que le gustaba lo que leía. Gracias, mamá.
Por suerte, mis habilidades a la hora de escribir fueron mejorando y, cuando llegó la hora de escribir la tesina de mi carrera, Traducción e Interpretación, no tuve ninguna duda sobre el tema: La Traducción en la Publicidad, que es básicamente el poder de las palabras a la hora de localizar campañas globales.